La sonata del sarcasmo: entre la piel y lo siniestro 

Morir
 Es un arte, como cualquier otra cosa.

Sylvia Plath

Las cadenas lógicas, el entramado de enunciados que llevan de una idea a la otra y que, finalmente, construyen una verdad, no siempre conspiran en el lenguaje. Esta concatenación de sentidos, sucesiones enlazadas de adiestramientos y compartimientos suponen, muchas veces, una construcción sólida de lo que creemos racional o natural. Un pequeño error, una fisura en la secuencia de causas y efectos y la realidad se derrumba. Esas sombras indefinidas que no encuentran una palabra o un objeto descienden y acechan. ¿Qué significa adecuar la propia piel, la sangre, los ojos a una atiborrada tempestad de signos?.

Las cosas, lo que nos rodea instalándose en el paisaje de lo cotidiano, actúa como espejo, nuestra mente se dispone a emanciparse simulando un orden que sólo anticipa el caos. La misma materia opera en la fibra de los objetos: lo pequeño contiene lo inmenso, uniendo el principio con el fin, el nacimiento con la muerte.

El juego, esa organización primitiva del mundo que los niños perpetúan es, en algún sentido, la única escapatoria para la avalancha del destino. En ese espacio de leyes propias donde se subvierten todas las reglas de lo real, cobran dimensión propia, nuevas y lúdicas interpretaciones de la tragedia y la comedia, lo que implica estar vivo. 

Cierta violencia se ejerce en las acciones de unir, abrir, combinar, encontrar y pegar pero también esa relativa dinámica propiciada por las diversas combinatorias relajan lo siniestro hasta el grado inefable de la risa. La morfología de un objeto es como las cadenas lógicas de verdades anudadas, condensan algo que fácilmente puede deshacerse y así causar una risa contagiosa hasta las lágrimas.

Afuera, el viento desordena todas las texturas del aire, las visiones de las cosas pueden ser socavadas por la fuerza de lo informe. La tristeza del teatro amorfo apresura las novedades de un paraíso imaginario: lo que las cosas son se multiplica en proyección y en las imágenes de todos los espejos.  
 

Mariana Robles

En PROFANANDO el mundo de los objetos domésticos adquiere una dimensión extraña: cuchillos gigantes, sierra de corte sobre una hebilla y un peine, pinza mordiendo una vela de cumpleaños. Las cosas del mundo privado que necesitan de nuestro cuerpo y nuestra voluntad para moverse, se disponen, se yuxtaponen, se entremezclan, se rozan, conjeturan una coreografía absurda que no respeta proporciones, ni usos. La materialidad corpórea de los objetos se vuelve plana, se recorta de la vida común, se convierte en unidad elemental desprovista de su significación original para adquirir un valor en la articulación de las partes entre sí, como los signos de un lenguaje. En este núcleo florante de las cosas convertidas en figuras, aparece un espacio intersticial que no se define de una vez y para siempre, sino que pendula entre el movimiento y la fijación, entre la innovación y la codificación, entre la belleza del diseño y la violencia que podríamos ejercer con ellas.

Eugenia Mussano

Curaduría: Eugenia Mussano / Lucas Despósito

Casa de Pepino

Córdoba / 2016